21 ago. 2015

Sopelana y sus playas (Playa Atxabiribil)


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Hoy no necesito marcharme muy lejos, ¿para qué? Tengo mi propio mini-paraíso al ladito de casa: la playa de Atxabiribil en Sopelana. Como me encuentro perezosa, sólo tendré que andar unos metros para hablaros del mar.
Cuando llegué a Sopelana hace ya 18 años y entré en la que hoy es mi casa, me quedé prendada del entorno. Hacía un día soleado, los jardines estaban muy bien cuidados, y el mar se veía azul en espejo con el cielo. Después de vivir en una de las callejuelas de Portu durante unos años, aquello me pareció el paraíso. Qué más daba que el transporte público quedara a varios kilómetros, o que a la tienda más cercana hubiera que ir en coche, no me importaba lo más mínimo, el sitio era lo más, y sobre todo, las vistas desde el acantilado.
El caso es que después de tantos años, sigo pensando que el sitio es estupendo, aunque en la habitación no quepa ni un taburete. O en los baños haya que pedir la vez para no quedarse atascado. A quién le importa vivir un poquitico apretujado si se puede disfrutar del mar en un salto? A mí no, desde luego.

Y es que la playa de Atxabiribil tiene su qué, es grande, peligrosa y está llena de surferos. Pero eso sí, a nosotros los bañistas intrépidos que no llevamos neopreno, nos dejan la tremenda franja de 20 m entre dos banderas para que nos bañemos a gusto. Es por eso, y sólo por eso, que hay que probar la playa de Sopelana. La aventura de pillar hueco un domingo con bandera amarilla es fascinante. Paisanos venidos de muchos pueblos se amontonan en la arena y cuando el calor ya resulta insufrible se dirigen con valentía a la zona acotada. Tienen la esperanza de poder sortear las tablas de surf que vuelvan a su alrededor, las 30 cuadrillas que están haciendo el gamba entre las olas, y la jauría de niños que disfrutan como enanos en la orilla.
Pero a ti no te importa, es preferible abrirte espacio a codazos que sucumbir como un huevo frito en la toalla. Es cuestión de pura supervivencia.
Una vez dentro, oye, que le coges gusto. El agua está estupenda, ha conseguido bajar la temperatura de tu cuerpo 5º y te sientes rejuvenecer. Ya que estamos, vamos a pillar unas olas, ¿a eso viene todo el mundo a Sopelana no?, mejor que la playa de Atxabiril no vas a encontrar.
Y tú pensando que todavía tienes 15 años te creces y retas a la ola más grande. Claro, se te había olvidado que tu cuerpo ya no reacciona tan ágilmente como antaño, y en el mejor de los casos acabas con el bañador por los suelos, vapuleada bajo la ola y con dos kilos de arena y algas en el interior del bikini. Después de 10 minutos, el tema ya no te hace tanta gracia, y decides que ya has hecho bastante ejercicio por hoy. Caes como una losa en la toalla y la próxima vez, te acercas a la ducha para refrescarte que es menos cansado.
Luego vuelves a tu casa arrastrando los pies, pero con el alma ligera, qué bonita es la playa de Atxabiribil, qué bonito vivir al lado del mar. No lo cambiaría por nada.

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